Cuando un político se empeña en mejorar a la sociedad a base de leyes de vanguardia, lo normal es que termine empeorándolo todo y añadiendo más daño a aquel que pretendía arreglar.
Eso es lo que está pasando con la Ley de Violencia de Género -jamás tantas mujeres han sido asesinadas por sus hombres,- la de Fumadores Pasivos y lo que me temo que pasará con las nuevas normas de Tráfico.
De momento, y después del terror que supuso para todos la implantación del carnet por puntos, esta Semana Santa han muerto en las carreteras siete personas más que en el mismo período del año anterior, cuando dicho carnet por puntos sólo era una amenaza del gobierno contra los ciudadanos.
Los sucesivos gobiernos de España han dado toda clase de explicaciones al elevado número de muertos en la carretera: alcohol, exceso de velocidad, distracciones al volante, no llevar el cinturón de seguridad, ...
Pero las auténticas causas siempre se las han callado: la falta de carreteras para el crecido parque automovilístico existente y la impericia -ignorancia absoluta, en realidad- al volante de tantos y tantos españoles de todo tipo: jubilados, progres, amas de casa...
La primera vez que se estableció el límite de velocidad en España fue en tiempos de Franco. Y se estableció para ahorrar combustible, no para mejorar la seguridad. Desde entonces los coches han mejorado grandemente: se ha inventado el ABS, se han impuesto los frenos de disco, se ha hecho obligatorio el uso del cinturón de seguridad, se ha generalizado la tracción delantera y no hay coche que no tenga ya la dirección asistida.
¿Qué falla entonces? La respuesta es sencillísima: hay millones de conductores que, aunque tienen el carnet, no tienen ni idea de conducir y entorpecen las carreteras durante todos los fines de semana y puentes.
Y hay políticos muchísimo más aficionados a mentir que a decir la verdad y a gastarse el dinero en nuevas carreteras.
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