Sarkozy ha sido el ganador de la primera vuelta en las Presidenciales francesas. No es ninguna novedad, aunque sí es un espaldarazo para todos los españoles que abominamos del sectarismo de Zapatero, de su política crispante y de su estupidez o su maldad, que sobre esto aún hay debate.
Francia necesitaba cambios, y el único líder capaz de ofrecerlos era Sarkozy. Ségolène, su rival, lo único que podía ofrecer era la anarquía y la arbitrariedad, y la permanente mentira de la izquierda que proclama su afán de un mundo mejor mientras se dedica en cuerpo y alma a enmerdarlo todo. Y, eso sí, una bonita cara y un hermoso culo.
Queda la segunda vuelta. En ella, los franceses tendrán que decidir si realmente se deciden por el cambio -en cuyo caso votarán a Sarkozy- o si se acobardan y tiran la toalla. En ese caso ganaría Ségolène.Esa será la elección en la segunda vuelta de Mayo. Para entonces ya no habrá ni izquierdas ni derechas, sino la decisión de afrontar el futuro -Sarkozy- o la de anclarse al pasado -Ségolène-. Y el miedo es siempre un consejero poderoso. Los franceses tendrán que decidirse entre emprender las reformas que Francia viene necesitando desde hace dos décadas, o seguir durmiendo su sueño opiáceo e izquierdista (la izquierda ES el opio del pueblo).
Con todo, espero que ganará Sarkozy. Y ésa será una excelente noticia para España, que el año que viene podrá optar por seguir el camino francés y arrumbar para siempre a los políticos cuya única mira parece ser -ha sido, en realidad, durante los últimos tres años- la de hacernos retroceder setenta años.
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