La derrota electoral del PSOE en Madrid ha destapado la caja de los truenos: ya se escuchan voces pidiendo la dimisión de Simancas. En puridad, el líder que presumía de que a su hijo se le había estropeado la play-station debe hacer honor a la actual situación y retirarse.
Pero no terminarán aquí las dificultades. Todo apunta a que el verdadero causante de la débacle ha sido Miguel Sebastián, el flamante candidato personal de Zapatero. Y al final los puñales dirigirán sus filos hacia la Moncloa.
Ya en tiempos de Felipe González la FSM -Federación Socialista Madrileña- de Leguina fue una importante fuente de quebraderos de cabeza para el felipismo. Ahora la cosa puede ir aún más allá, y convertirse en el signo del futuro para los nuevos tiempos que se avecinan, cuando por fin Rodríguez conozca la derrota.
Aunque a los socialistas les ha mantenido unidos el hecho de pisar moqueta, se han producido no obstante sonadas disensiones en el seno del partido, principalmente las encabezadas por Rosa Díez y los socialistas vascos descontentos.
Es poco probable que en Cataluña el idilio entre socialistas y nacionalistas radicales dure demasiado tiempo. Y el caso de Madrid es un aldabonazo que hará correr ríos de tinta.
Si la derrota de Ségolène Royal en las Presidenciales francesas ha desatado todo tipo de rencillas en el seno del socialismo francés, la derrota del zapaterismo en España puede suponer el fin del partido de Pablo Iglesias, ya sumido en severas divisiones -y disensiones- territoriales.
Quizá lo más asombroso es que hasta ahora nadie, salvo los vascos a quienes aludí, haya levantado la voz . Se ve que, en la izquierda, el acceso a los Presupuestos une mucho más de lo que separan las ideas.