Cuando los fascistas -aquellos socialistas a quienes tanto les gustaban los uniformes y los plumajes- llegaron al poder en Italia, una de las cosas que pusieron de moda fue administrar masivamente aceite de ricino a sus oponentes. Cuando las escuadras pillaban a algún conocido antifascista, sacaban el frasco, introducían el gollete en la boca del enemigo y le obligaban a terminárselo entero.
Ahora en España el fascista (vergonzante: nunca reconocerá en voz alta que lo es, y además evita aparecer en público con los plumajes) Mariano F. Bermejo, ministro de Justicia (no es ironía: es otro más de los esperpentos de la España de Zapatero) ha prescrito a los populares la toma masiva de laxantes para que acepten que ANV, el partido de ETA, va a participar en las elecciones: vuelve, pues, el ricino.
No hay noticia de que se hayan pedido aún los necesarios abastos de ricino a las fábricas y laboratorios, pero todo se andará. De lo que sí hay ya noticia -y larga- es de que en la nueva España socialista el enemigo a batir no es ya ETA -esos chicotes tan sanos y tan aficionados a los fuegos artificiales- sino el PP. Pronto veremos a grupos de jovencitos de aspecto alternativo asaltando por las calles a las personas de bien e introduciéndoles, entre alegres risas, el gollete del frasco en la boca hasta que se lo terminen.
Y luego nos enterarermos de que los alternativos no eran gamberros callejeros, sino probos funcionarios del ministerio de Justicia, a las órdenes directas de Bermejo. Cosas del progreso.
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