sábado, mayo 05, 2007

Verdades sencillas


Si hay en España una organización oscurantista, represiva y de corte netamente antidemocrático, ésa es sin duda la DGT, convertida a día de hoy sin el menor rubor en una oficina de recaudación.

De todos los desmanes que este organismo comete cada día, el peor es sin duda el de pretender establecer una regulación del tráfico que impida en lo posible la iniciativa personal del conductor a golpe de leyes, decretos, imposiciones, señales y represión pura y dura.

Ellos son los que investigan los accidentes, pero dudo mucho de que las informaciones que luego difunden al respecto sean un fiel reflejo de la realidad.

Los tres caballos de batalla de la DGT para atermorizar a los conductores -y en los que pone su máxima capacidad represora- son el consumo de alcohol, el exceso de velocidad y el no uso del cinturón de seguridad. De las deficiencias de las carreteras, de la mala señalización, de los puntos negros, o de los conductores torpes y parsimoniosos -tan frecuentes- que fuerzan a los demás a maniobras arriesgadas, ni una sola palabra.

Ha tenido que ser Aznar el que les ha recordado que él no quiere que la DGT conduzca por él. Yo, la verdad, tampoco.

Ni quiero unos límites de velocidad inmutables y eternos que resultan peligrosísimos cuando el tráfico es denso y que resultan ridículos cuando la carretera está vacía.

¿Por qué no se dedican a reparar las infraestructuras, a señalizar correctamente las vías y a fomentar la pericia de los conductores?

Nos ahorraríamos miles de muertos al cabo del año.
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AÑADIDO POSTERIOR: Leo en El País que el inefable Pere Navarro ha manifestado que a Aznar ya sólo le falta decir que por ir a 150 no pasa nada.
Como Aznar no lo ha dicho, lo diré yo: por ir a 150 por una autovía descongestionada no pasa nada. La prueba es que miles de españoles lo hacen cada día.
Aunque también es verdad que otros se matan yendo a 80, pero el Pere Navarro no quiere saber nada de éstos.

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