Mañana, cuando por fin se conozcan los resultados de las Presidenciales francesas (y salvo catástrofes,) brillarán los aceros en las sedes del PSF.
Carentes de respuestas a los problemas del mundo actual, los socialistas franceses se descolgaron para esta ocasión con una pura operación de imagen llamada Ségolène. Sin embargo no todos los socialistas estuvieron de acuerdo con la elección, pero al final tuvieron que tragar -poniendo además buena cara- para no perder las prebendas ni los asientos.
Mañana sin embargo sonará la hora de la venganza y de los arreglos de cuentas, y todos se esforzarán por hacerles a los ségolènistas las más feroces autocríticas para apartarles definitivamente del camino y exigirles cuentas por los nuevos tiempos que se avecinan en la oposición.
El caso francés quizá nos suene lejano, pero lo que sucede en Francia suele ser la antesala de lo que va a suceder en España. Me pregunto qué sucederá en el PSOE cuando el año que viene Rodríguez pierda sin remedio las elecciones generales (lo cual sucederá también salvo catástrofe).
El poder les ha mantenido unidos hasta ahora, porque no existe nada más dulce para un socialista que el acceso al Presupuesto. Pero cuando el Pueblo les expulse con sus votos lo más probable es que en cada sede socialista instalen un patíbulo, y que despachen junto a las tapias traseras a todos aquellos compañeros y compañeras con quienes no logren dar abasto en el interior.
Mañana instalaré una silla a la puerta de mi casa para ver pasar sus cadáveres, y allí seguirá hasta el verano del año que viene.
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