
La bomba de ETA le ha sentado al gobierno como un pisotón en un hormiguero: todo es desorden y desorganización en estos días. Van, vienen, corren hacia un lado y rápidamente dan la vuelta hacia el contrario. Rodríguez habló de suspensión. Luego llegó Blanco y habló de liquidación. Lo mismo hizo Rubalcaba. Pero entonces apareció otra vez Rodríguez para decir que se lo iba a tomar más en serio.
Hasta hoy. Hoy, después de decir que el gobierno no había cometido errores -trágate ésa, Pepiño- Rodríguez ha declarado, con su habitual lenguaje engolado y hueco, que la bomba es 'el punto final' del proceso.
Lo malo es que no sabemos qué dirán mañana. Y peor aún, nadie -seguramente ni ellos mismos- sabe qué harán pasado mañana.
¿Pero es que no hay nadie en ese gobierno capaz de imponer un poco de orden?
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