
Se acabó la ilusión. Parecía que por fin iba a cambiar la política del gobierno sobre terrorismo -¡a ver quién se atreve a llamarla 'política antiterrorista' con ese imbécil ahí!-, pero Rodríguez lo consultó con la almohada. Y donde parecía que al final se iba a imponer el sentido común, volvió a triunfar la estupidez.
Este tipo, como se ve en la ilustración, no sabe ni dónde tiene la mano derecha: le han sacudido un garrotazo y se ve que le ha gustado y quiere ir a por otro.
Claro que no los recibe en su coronilla, sino en la nuestra. A lo mejor es por eso que le importa tres cojones que ETA vuelva a atentar con tal de pasar a la historia como 'Rodríguez I el Pacificador'.
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